El tema del liderazgo ha sido ampliamente tratado en talleres, libros, cursos, revistas y seminarios, lo cual podría darnos la impresión de que ya se ha hablado lo suficiente al respecto y que no queda mucho por aportar. Hay muchos autores, bastante buenos, por cierto, que han intentado sistematizar y hacer explícitas las características de un buen líder.

Sin embargo, aunque haya muchísimo contenido al respecto de lo que significa ser líder no debemos olvidar que el liderazgo no es una cualidad o un atributo que se pueda describir puntualmente, sino que más bien se trata de una relación bilateral entre la persona que dirige y el que es dirigido. Y, como toda relación, es algo flexible que puede cambiar con el tiempo y las circunstancias. Por lo tanto, no puede haber una serie de pasos o reglas unívocas para ser un líder, porque no estamos tratando con algo fijo e inmutable. El liderazgo es más bien una cuestión de personalidad y de prudencia.

Algo en lo que coinciden la mayoría de los pensadores del tema es que el líder es fundamentalmente una persona a la que siguen otras personas, independientemente de si tiene un puesto directivo o no. El liderazgo no tiene nada que ver con el puesto, como se piensa comúnmente, sino con la capacidad de tomar decisiones y guiar a los demás hacia una dirección determinada. La forma específica de cada líder para guiar a los demás es tan variable como los diferentes tipos de caracteres y formas de ser. Habrá quien sea muy enérgico y apasionado, también quien sea más tranquilo y persuasivo e incluso existirá el líder gritón, enojón y mandón. Son formas de relación que se construyen según el tipo de persona, y, por lo tanto, no pueden ser iguales.

Además, ser líder no sólo se trata de ser apto, sino que es una cuestión de voluntad. No porque alguien tenga todas estas cualidades que mencionamos necesariamente le va a interesar tomar la batuta y guiar a otras personas. No todos quieren tener esa responsabilidad, y eso no los hace peores ni mejores personas.

Al final, el liderazgo no es más que una conjunción de ciertas aptitudes con la visión y el arrojo suficientes para guiar a otros por un camino determinado y con una actitud abierta a las sorpresas y al cambio.